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Tendencias de “movilización” en servicios financieros: el móvil del futuro reemplazará nuestros monederos
 Las prestaciones de las que nos podemos beneficiar en un dispositivo móvil son innumerables y los consumidores las estamos adoptando con gran entusiasmo, tanto a nivel profesional como personal. En concreto, el futuro del sector de los servicios financieros, no puede desvincularse de la movilidad aunque todavía quedan algunos pasos clave para asegurar su éxito.

En GFT, con nuestra experiencia en soluciones de TI para servicios financieros y en aplicaciones de movilidad, creamos un Centro de Competencia en Mobile Finance con el objetivo de contribuir a desarrollar estos servicios. Analizando el sector, destacamos tres tendencias: el móvil como medio de pago del futuro, el móvil como medio de identificación y de acceso y, por último, el móvil como soporte para acciones de marketing y venta cruzada. En este artículo, nos centramos en la primera tendencia y analizamos los retos que conlleva. Pero, sobre todo, haremos hincapié en la implantación del TSM (Trusted Service Manager), un tema clave que creemos que marcará el futuro del móvil como medio de pago.


El móvil como cartera virtual


El consumidor ya utiliza las nuevas tecnologías móviles para realizar algunas transacciones comerciales, incluidas las operaciones financieras. Por ejemplo, La Caixa ha desarrollado una aplicación que permite utilizar el móvil como TPV (Terminal de Punto de Venta) y que además posibilita enviar el ticket del servicio vía SMS al móvil del cliente. Es clara, por tanto, la oportunidad que se puede plantear de combinar estas transacciones de pago junto con la información de posicionamiento que proporcionan los dispositivos móviles para reforzar y reconfirmar la seguridad de la transacción. Sin embargo, la generalización de estos servicios se podría producir con la tecnología NFC (Near Field Communication) en proceso de estandarización y que, en 2011, podría comenzar a reemplazar los monederos y las tarjetas de crédito tradicionales, permitiendo el pago sin contacto (contact-less). Ésta es una tecnología de proximidad que permite a dos dispositivos cercanos reconocerse para intercambiar y almacenar datos sin necesidad de validación manual. Se pueden realizar así micropagos aproximando, por ejemplo, un móvil con tecnología NFC, a una terminal que ofrece un servicio concreto (máquina expendedora, la caja de un comercio, control de acceso a un cine, a transportes públicos, etc.).

Un indicador de que la implantación de este servicio sigue su curso, es el hecho de que en el marco del Mobile World Congress 2010 celebrado en Barcelona se ha puesto a prueba por primera vez en España un piloto para la realización de pagos móviles sin contacto. En concreto, GSMA, Samsung Electronics Co. Ltd., Telefónica y Visa, junto con Giesecke & Devrient, Ingenico, ITN International y La Caixa, revelaron el resultado de meses de colaboración y presentaron el piloto de pagos con NFC basado en la SIM.

El desafío aquí es que para que el pago a través del móvil sea operativo en cualquier compañía de teléfono y para cualquier banco, deben definir un estándar común todas las partes participantes en el proceso: los fabricantes de móviles, las operadoras de telefonía, los bancos, las compañías de tarjetas de crédito y los proveedores de plataformas de pago. Para garantizar transparencia y neutralidad, una entidad mediadora, TSM (Trusted Service Manager), debería erigirse como punto de contacto entre las partes participantes y gestionar el modelo de pago sin contacto.

Lo que es evidente es que este modelo de negocio beneficia a todos. Al aumentar el uso del teléfono, las operadoras de telefonía fidelizarán y “cautivarán” a su clientela. Las entidades financieras, capturarán una parte del mercado de pagos en efectivo. Los fabricantes de teléfonos móviles, al aumentar los servicios disponibles, renovarán modelos constantemente y venderán más unidades de dispositivos. Los comerciantes se beneficiarán por la agilización del proceso de pago y la minimización del movimiento de dinero en efectivo, y, por último, los consumidores por el ahorro de tiempo y comodidad que supone.
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