La Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos fue aprobada por la Cámara de Diputados el 6 de octubre de 2026 y por el Senado el 20 de octubre, que la remitió al Ejecutivo para su promulgación. El texto contempla la aceptación de medios digitales por proveedores de bienes y servicios y autoridades de los tres órdenes de gobierno, y faculta a Hacienda para determinar sectores donde podrán constituir la única forma de pago, con condiciones y plazos de transición. El debate se ha concentrado en esa facultad y en la gradualidad de la transición, pero hay otra pregunta igual de urgente. ¿Están listos los sistemas que tendrán que procesar ese volumen?
México no parte de cero. El SPEI procesó más de 7,300 millones de transferencias en 2025 y es una de las infraestructuras de pagos inmediatos más sólidas del mundo. Aun así, la brecha entre el acceso y el uso persiste, y CoDi es el mejor ejemplo. Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024, el 38 % conocía o había escuchado hablar de la herramienta y, entre quienes la conocían, el 12.8 % la había utilizado. La infraestructura existía. Lo que faltó fue una experiencia sencilla, incentivos claros para los comercios y confianza.
En Brasil, el éxito de Pix tampoco se explicó solo por la tecnología. Como señala el análisis del Banco de Pagos Internacionales (BIS), pesaron la infraestructura pública, la participación obligatoria de los grandes bancos y, sobre todo, el costo. Pix es gratuito para las personas físicas y, según un estudio de economistas del Banco Central de Brasil, el costo promedio para los comercios era de 0.22 % del valor de cada transacción, frente a poco más de 1 % de la tarjeta de débito y 2.2 % de la tarjeta de crédito. Para un comercio pequeño, esa diferencia convence más que cualquier campaña.
También vi lo que costó el camino. El fraude creció al mismo ritmo que el volumen, y el Banco Central tuvo que crear y después rediseñar su mecanismo de devolución. Los sistemas legados llegaron al límite en las fechas de mayor demanda. Los bancos que se modernizaron antes del lanzamiento cumplieron los plazos sin sobresaltos. Los demás aprendieron en producción.
México puede hacerlo mejor con tres decisiones.
La primera es usar la ley como palanca de modernización y no solo como una obligación de cumplimiento. La estrategia de pagos del banco de méxico contempla para el SPEI 2.0 una arquitectura modular y escalable, y la circular 9/2026 fija el 14 de diciembre como plazo para homologar la experiencia móvil. La nube permite escalar en los picos de demanda y lanzar servicios con más rapidez, y el país ya cuenta con regiones de los principales proveedores de nube pública en Querétaro, con la residencia local de datos que exige la regulación. En Brasil, los bancos que llevaron Pix a la nube aprovecharon ese impulso para modernizar otros sistemas. En México ese impulso puede planearse desde el inicio.
La segunda es prevenir el fraude desde la apertura de la cuenta. La ley reconoce la CURP Digital como mecanismo de confianza para contratar servicios financieros. Bien implementada, junto con validación biométrica y protección de datos, permite confirmar la identidad de cada cliente desde el primer día y cerrar la puerta a las cuentas que después se usan para recibir el dinero de los fraudes. Después, la inteligencia artificial puede apoyar el seguimiento de comportamientos y relaciones entre cuentas, con modelos validados y control de falsos positivos. En Brasil, buena parte de la defensa llegó después del volumen. En México puede llegar antes.
La tercera es diseñar el crédito junto con el pago. Los cobros digitales generan un historial de ingresos que, con uso autorizado de los datos y modelos evaluados, puede ayudar a evaluar a negocios con poca trayectoria bancaria. Un estudio del BIS sobre pagos rápidos en América Latina y el Caribe identifica una asociación entre estos sistemas y un mayor acceso al crédito y al ahorro. En Brasil, los productos de crédito construidos alrededor de Pix llegaron con el tiempo. En México pueden formar parte de la oferta desde el inicio.
Nada de esto funcionará sin inclusión. Tarifas claras, canales accesibles y atención eficaz serán tan importantes como la tecnología para quienes enfrentan costos elevados o conectividad limitada. La preparación puede empezar ahora, antes de que se definan todos los detalles de implementación.
México tiene una ventaja que Brasil no tuvo. Llega segundo, y puede aprender tanto de lo que funcionó como de lo que salió mal. La ley ya marcó el rumbo. Aprovechemos este momento no solo para cumplirla, sino para modernizarnos y ofrecer a cada cliente una mejor manera de pagar, cobrar y crecer.