Un estudio indica que la penetración de teléfonos inteligentes en Centroamérica y el Caribe ya supera dos tercios de la población adulta, creando una infraestructura básica para los servicios financieros móviles. La pandemia aceleró la apertura de cuentas digitales para recibir beneficios y remesas, un movimiento observado por organizaciones multilaterales como el Banco Mundial y el BID.
Pero el acceso no es sinónimo de plena inclusión. Tener una cuenta no garantiza ahorros, crédito ni protección contra riesgos. Sin embargo, incluso con servicios bancarios básicos, el uso de productos formales de ahorro y crédito sigue siendo bajo en la región. Los costos transaccionales, la desconfianza histórica en el sistema financiero y la baja alfabetización financiera aún alejan a millones de personas de servicios que podrían generar resiliencia económica.
Aquí es donde la Inteligencia Artificial (IA) aplicada a dispositivos móviles puede cambiar las reglas del juego. Los modelos de IA permiten una incorporación digital simplificada, el análisis de riesgos con datos alternativos (como el historial de pagos de servicios) y el microcrédito en tiempo real para trabajadores informales y microempresarios. En los mercados de Centroamérica y el Caribe, donde gran parte de los ingresos circula fuera del sistema bancario, este enfoque reduce la fricción y amplía el acceso al crédito responsable.
La IA también fortalece la confianza en el ecosistema digital. Las soluciones de prevención del fraude, la autenticación biométrica y el monitoreo en tiempo real hacen que los pagos y las transferencias sean más seguros, un punto crucial en economías con un alto uso de remesas, como Guatemala, El Salvador y Jamaica, donde las transferencias internacionales representan una parte significativa del PIB.
Para que el impacto sea sostenible, la tecnología debe ir de la mano con una regulación que promueva la innovación, la protección del consumidor y la educación financiera. Las experiencias de Open Finance en otros mercados muestran que las arquitecturas abiertas y las API aceleran la creación de productos móviles centrados en el usuario. En Centroamérica y el Caribe, este diseño puede facilitar cuentas de bajo costo, seguros asequibles y crédito inicial para quienes nunca han tenido un historial financiero.
La inclusión financiera es reconocida por el G20 y el Banco Mundial como un factor clave para reducir la pobreza y promover la prosperidad. Transformar los teléfonos móviles en el principal punto de acceso a los servicios financieros, con la IA como puente entre los sectores informal y formal, es la oportunidad más concreta para integrar a los millones que aún están “bajo el colchón” a la economía digital de Centroamérica y el Caribe, con impacto social y crecimiento sostenible para toda la región.