Tal y como hemos mencionado en la introducción al principio de este artículo, el Internet de las Cosas (IoT) se refiere a una red de dispositivos físicos interconectados que están equipados con sensores, software y otras tecnologías para recopilar y compartir datos a través de Internet. Estos dispositivos pueden ser desde electrodomésticos hasta vehículos, pasando por sensores industriales y dispositivos médicos.
El IoT permite que los objetos cotidianos se vuelvan "inteligentes" al poder comunicarse y compartir información. Por ejemplo:
- Un termostato inteligente puede ajustar la temperatura de tu casa basándose en tus hábitos y preferencias
- Sensores en máquinas industriales pueden recopilar datos sobre su rendimiento y estado.
- ¿Cómo la Inteligencia Artificial aprende de los datos del IoT? La combinación de IoT e Inteligencia Artificial (IA) crea un potente ecosistema de datos y aprendizaje. Aquí os explicamos cómo funciona:
- Recopilación de datos en tiempo real: Los dispositivos IoT recopilan constantemente grandes cantidades de datos en tiempo real sobre su entorno y funcionamiento
- Análisis de datos: La IA, especialmente a través de técnicas como el aprendizaje automático y el procesamiento del lenguaje natural, analiza estos datos para obtener información valiosa
- Identificación de patrones: La IA puede detectar patrones y tendencias en los datos que serían difíciles o imposibles de identificar para los humanos, especialmente cuando se trata de grandes volúmenes de datos.
- Toma de decisiones autónoma: Con base en el análisis de datos, los sistemas de IA pueden tomar decisiones o realizar acciones de forma autónoma, con poca o ninguna intervención humana.
- Aprendizaje continuo: A medida que se recopilan más datos, los algoritmos de IA pueden seguir aprendiendo y mejorando sus predicciones y decisiones
- Personalización: La IA puede utilizar los datos del IoT para crear servicios altamente personalizados, adaptándose a las preferencias y comportamientos individuales.
Pero…. ¿Dónde almacenar esta IA y sus datos para recopilar de una manera que sea altamente rápida y efectiva para su inmediato análisis? Aquí entra en juego el Edge Computing. Introduzcamos el término Dispositivo Extremo de la Red. Estos son hardware que se encuentra en ubicaciones remotas de la red donde los IoT comparten datos (Internet, redes privadas, etc.…) y que poseen gran cantidad de memoria de almacenamiento y procesamiento.
Y entonces… ¿Por qué no unimos ambos términos? ¿Por qué no beneficiarse el IoT de la proximidad para analizar los datos y reaccionar rápidamente ante cualquier problema de mantenimiento o similar? El Edge Computing es un dispositivo local con gran cantidad de procesamiento y memoria. En él podemos instalar tanto grandes bases de datos que recojan toda y cada una de los datos y etiquetas que generan nuestros IoT, como instalar una IA que nos ayude a analizar en tiempo real dichos datos para actuar en consecuencia. Y si esos datos u análisis es interesante compartirlos en una nube pública, pues entonces simple y llanamente compartimos solo el resultado del análisis o esos datos que no “ensucien” nuestra labor diaria.